sábado, 28 de noviembre de 2020


BACO, MI AVATAR

Baco, también llamado Dioniso, es mi avatar porque representa la humanidad y la divinidad que me explican, porque ilumina las contradicciones que me definen, porque fecunda la vida que disfruto y porque cimenta las esperanzas que sostienen el silencio imperecedero de la muerte.

                                                                                                       Grabado original de Toni Simarro

Su madre, Sémele, era hija del rey tebano Cadmo y de la diosa Harmonía; su padre, el mismísimo Zeus, fecundo en infidelidades.  
Se cuenta que, por consejo de Hera, quiso mostrarse ante Zeus en su naturaleza mortal, ardiendo de inmediato bajo el rayo del dios. Pintores como Rubens o Luca Ferrari transformaron ese momento mítico en sendas obras de arte.

Zeus habría entonces resguardado el feto en su muslo. Allí permanecería Baco desde los seis meses de gestación hasta su nacimiento, considerado el primero de la historia realizado por cesárea. Luego sería entregado a las Musas para su cuidado y a Sileno para su educación.

El borracho Sileno instruyó a Baco como se esperaba, haciendo del dios del vino el hogar del frenesí. Sus fieles, o bacantes, convulsionaban mientras se dirigían a los montes acompañados de sátiros, ninfas y silenos. Coronaban sus cabezas con pámpanos y cubrían sus cuerpos con piel de corzo. También portaban el tirso o bastón de Baco adornado con parras. La excitación les llevaba a descuartizar animales jóvenes y a consumir su carne. Baco podía hacer brotar el vino, e incluso la leche y la miel, pero se vengaba con saña de todos los que se oponían a aquel séquito de personas extáticas.

El culto de Baco estaba asociado a la esperanza de conocer los secretos de ultrabumba. Los desórdenes que rodeaban sus rituales y los misterios que decían atesorar sus adeptos condujo a la prohibición de las bacanales en Roma el año 186 a.C.

En defintiva, Baco ha encarnado en Occidente la superación del miedo a lo desconocido y, por ende, a la muerte. Así lo explicó Nietzsche en El nacimiento de la tragedia (1872). Su sombra ha reconciliado al ser humano con la oscuridad, al recordar que la vida debe integrar a la muerte con la misma serenidad con la que el gozo debe integrar el dolor. Esta es la verdad fundamental de la vida: que la saciedad y la hambruna son hermanas gemelas o, si se quiere decir de otra manera, que la luz y las tinieblas son el contrafuerte de la existencia humana.

Baco es mi avatar porque ha coronado mi frente con la verdad del vino. Esa verdad fue representada por CaravaggioAlonso Cano, o Velázquez como la alegría festiva que preludia la madurez de la conciencia. Solo cuando el alma no tiene necesidad de discernir si lo que vive es el éxtasis de la borrachera o el del ascetismo, nace el auténtico ser humano. Entonces la luz y la sombra coinciden en el mismo individuo. Sólo en ese instante la vida alcanza la plenitud del que puede despedirse de ella sin lamento. Esa ambivalencia la representó Leonardo da Vinci en un Baco que se disfraza de Juan el Bautista porque la totalidad reside en la nada.



miércoles, 25 de noviembre de 2020

Las Palabras y su Porqué

Las palabras no son inmotivadas, como no lo son los pensamientos. Las palabras, en realidad, son el palimpsesto del pensamiento. Esas palabras y esos pensamientos son nuestra herencia. La recibimos de nuestros padres que, cuando nos hablan, labran nuestro corazón y nuestro intelecto.

Por ello, el hablar y el pensar constituyen una manera de recordar. De recordar, en concreto, que somos lo que vamos siendo, del mismo modo que vivimos lo que vamos viviendo. Dicho de otro modo, las palabras son el abecedario de la sangre. Nos mantienen arraigados porque nos cincelan en la fragua de la sociedad que nos acoge en su océano de referentes, medidas y valores.

Lo dicho me sirve para introducir el libro El porqué de las palabras. Fundamentos léxicos de las ciencias y de la técnica. Su autoras, Mª Teresa Beltrán, Mª Teresa Cases y Mercedes García (Grupo Galatea), lo reeditan a través de Amazon porque era una necesidad imperiosa disponer de este texto. Así lo creo porque el volumen es una herramienta pulcra, eficaz y meritoria. Su utilidad para la docencia es incuestionable, pero también para satisfacer la curiosidad de cualquier lector interesado en las razones etimológicas de los campos semánticos y las palabras.


Pero eso no es todo. Este libro tiene la virtud de despertar nuestra voz porque sus unidades didácticas son más que metodología docente. Son un acicate para conocer el mundo y conocernos a nosotros mismos. No en vano, somos palabras en forma de pensamiento.